"Escribir sale del alma, los otros medios son aparatos, son máquinas"

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Gabriel García Márquez

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lunes, 21 de abril de 2014

Gabo, el periodista / Columna

De medios y otros demonios

Gabo, el periodista

J. Israel Martínez Macedo

La muerte de Gabriel García Márquez llenó de tinta los periódicos. Por un motivo u otro, quienes nos dedicamos a esta profesión tenemos un vínculo muy particular con él. Paradójicamente, es esa visión de periodista la que menos se le recordó en su momento final.
Poco o casi nada se ha dicho de su pasión más grande: el periodismo. Siempre vinculada a su labor como escritor. Curioso, insistió hasta descubrir por qué su editor le habría tachoneado y reescrito todo el texto en sus primeras dos notas que le fueron publicadas sin firma; estudió las correcciones y las afinó "Después ya me fue tachando menos frases, hasta que un día ya no tachó más, y se supone que desde aquel momento yo ya era periodista" contó el propio García Márquez.
Cuando pensamos en los grandes hombres olvidamos reflexionar que alguna vez debieron aprender, que alguna vez le tachonearon todas sus notas a García Márquez y que hasta le publicaron sin firma; como hoy tanto ofende a los reporteros novatos que se sienten literatos por revolcar boletines y que nunca abandonan la novatez narrativa pese a los muchos años de práctica "profesional".
Gabo dejó plasmada en papel su visión de lo que debe ser un buen reportero. Escribió "El mejor oficio del mundo" en 1996 para la 52 Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa; ahí describe, con cierta nostalgia, la forma humilde en la que el aprendiz resistía y perseveraba hasta alcanzar el más alto rango que se puede obtener en el oficio: reportero raso.
Describe cómo el ahora abandonado ejercicio de la lectura era entonces una adicción laboral y le devuelve su valor a la práctica autodidacta —tan menospreciada en nuestros días en los que los reporteros parecen buscar cursos de lo que sea, siempre y cuando les den un papel que diga que son buenos... aún sin serlo—.
Critica severamente las escuelas de comunicación en donde la enseñanza del periodismo se limita a atiborrar de conceptos a ingenuos estudiantes que creen que con ello han aprendido el oficio sin haberles dado el mínimo de formación o la preparación suficiente para lo que enfrentarán en el ámbito laboral.
Deja manifiesto su desprecio por la grabadora porque elimina el sentido humano del periodismo y le permite al irresponsable esconderse detrás de ella para no asumir su papel en el texto o la investigación y exalta el respeto a la ética profesional que se vuelve bandera de muchos pero compromiso de muy pocos.
Gabriel García Márquez nos ha dejado un gran legado a quienes ejercemos el oficio pero también una fuerte responsabilidad: "No esperen nada del siglo XXI, que es el siglo XXI el que lo espera todo de ustedes. Un siglo que no viene hecho de fábrica sino listo para ser forjado a nuestra imagen y semejanza, y que solo será tan glorioso y nuestro como ustedes sean capaces de imaginarlo".
Descanse en paz.

Twitter: @Mega_J_Israel_M
israel.martinez@milenio.com

miércoles, 7 de marzo de 2007

Gabo / Columna

De medios y otros demonios

Gabo

J. Israel Martínez Macedo


Tanto se ha escrito sobre Gabriel García Márquez que en ocasiones parece que no podría decirse nada más, y sin embargo siempre existe algo que decir sobre el personaje cuya historia lo ha convertido en un icono del periodismo, pero no de ese negocio que se ha corrompido con las dádivas, sino del otro, del que es oficio, del que puede aprenderse en las escuelas pero que sólo se aprehende en la calle.
El día de ayer Gabo cumplió 80 años, y sobre él se habló y se hablará, nuevamente, por un buen rato, temas hay. García Márquez ha logrado ser ese tipo de sujeto que igual se mueve en cuestiones políticas, que literarias, que periodísticas.
Es precisamente de estas últimas que en 1997, un 19 de octubre, el diario argentino Página/12 publicó una entrevista realizada por el investigador venezolano Boris Muñoz, retomada recientemente en la página web de saladeprensa.org y en donde destacan un par de preguntas:
“–Desde hace algunos años la enseñanza del periodismo ha sido un interés central en su trabajo intelectual. ¿Por qué le preocupa tanto el periodismo? ¿Cuál es el papel que le asigna en la actualidad y en el futuro de Latinoamérica?
“–Cada día nos olvidamos más de la ética. Las escuelas de periodismo enseñan todo lo que tiene que ver con el periodismo, menos el oficio. El reportaje, que es el género que amo, ha sido degenerado a la entrevista. El reportaje es la reconstrucción de un hecho tal y como sucedió en todos sus detalles. Y eso es cada vez menos frecuente en el periodismo: cada vez hay menos reportajes y reporteros en Latinoamérica.
(…)
“–Pero el problema del periodismo no es responsabilidad exclusiva de los periodistas y las escuelas, sino también de una concepción contemporánea de los medios de comunicación.
“–Los periódicos han priorizado el equipamiento material e industrial, pero han invertido muy poco en la formación de los periodistas. La calidad de la noticia se ha perdido por culpa de la competencia, la rapidez y la magnificación de la primicia. A veces se olvida que la mejor noticia no es la que se da primero, sino la que se da mejor. En otros casos, se le pide al periodista que escriba un reportaje y luego llega una publicidad y el reportaje se ve reducido a una columna. Lo que creo es que debemos volver a la vieja manera del oficio. Eso es lo que tratamos de meterles en la cabeza a los periodistas que van a Cartagena. Llevamos a periodistas de mucha trayectoria para que les hablen a los jóvenes desde su experiencia directa en los medios. La ética y el oficio son los ingredientes principales.”.
El asunto de la ética y el oficio no es menor, y mucho menos ahora que el Senado de la República aprobó despenalizar los delitos de calumnia, difamación e injurias con lo que prácticamente deja en manos de la ética profesional, y en las políticas editoriales de cada medio, la responsabilidad de comprobar lo que se dice.
En periodismo como en la vida, es obligación de quien acusa tener las pruebas de su acusación, hasta antes de esta reforma, el no tener el sustento podía costar la cárcel, ahora sólo será cuestión de pesos y centavos.
Pero en el ámbito periodístico, en un gremio en el que todo se ve y todo se sabe, no sólo será cosa del arreglo económico, sino del conocimiento del reportero, de su capacidad en el oficio, vamos, de su nivel de ética.

imartinez@edomex.milenio.com

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