"Escribir sale del alma, los otros medios son aparatos, son máquinas"

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Gabriel García Márquez

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lunes, 7 de octubre de 2013

Por una libertad libre / Columna

De medios y otros demonios

Por una libertad libre

J. Israel Martínez Macedo

Como cientos de los manifestantes que marcharon este 2 de octubre, yo no estuve presente en la masacre de 1968, ni siquiera había nacido. La conmemoro porque conozco los hechos que la detonaron, el entorno en el que ocurrió y la consecuencia que tuvo.
Lo que vimos este 2 de octubre de 2013 nada tiene que ver con lo que significó la protesta de la sociedad mexicana que se sumó, en aquel entonces, a los estudiantes que exigían, en resumen; libertad de los jóvenes detenidos (ya sea en manifestaciones o por persecución política) y castigo a los responsables de ordenar y ejecutar dichas acciones.
En resumen: respeto a la ley por parte de las autoridades de la época en beneficio de la sociedad. Una situación que, de haberse cumplido, nos habría ahorrado años en el acceso a la democracia.
Generar desorden como provocación para después argumentar maltrato o abuso de autoridad, se ha vuelto un tema muy común en las redes sociales en las que una foto descontextualizada o un video editado causan indignación generalizada.
Es cierto que la reacción policiaca derivó en abusos de autoridad que deben ser sancionados, pero también es cierto que la manifestación conmemorativa del 2 de octubre no implicaba ningún enfrentamiento con nadie.
Los policías actuaron a partir de la agresión de grupos de revoltosos (muy lejanos a ser revolucionarios), que con consignas rescatadas del ostracismo ochentero —algunas de ellas, repetidas más por costumbre y acto de fe que por entendimiento—, pusieron en riesgo a los habitantes de la Ciudad de México que, en determinados momentos, se vieron víctimas de uno u otro bando.
Los medios, como suele pasar en estos casos, no fueron ajenos de los toletazos policiales y las pedradas, agresiones y robos de los anarquistas. Acostumbrados a la labor periodística y de manera responsable, se mantuvieron en su línea de informar hasta donde fuera posible sin poner en riesgo sus vidas o la de quienes los rodeaban.
Pero también es necesario denunciar a quienes, disfrazados de medio de comunicación y escudados en una cámara fotográfica o de video, se lanzan a las calles sin ningún fin informativo, más bien con miras a documentar lo que después será usado en material propagandístico.
No es nuevo que personas ajenas a los medios se hagan pasar por periodistas para obtener beneficios o simular acciones informativas, en el Estado de México se informó, hace algunos años, del asesinato de un reportero que, al investigarse el caso, resultó ser una persona con una credencial hechiza de prensa de un supuesto periódico que, además, nunca existió.
Escudarse en ser periodista para realizar actividades propagandistas o de militancia política no solo es antiético, también pone en riesgo las vidas de quienes sí se dedican a informar sin entorpecer las acciones policíacas sino, en todo caso, documentarlas como obliga su labor.
La libertad de expresión no puede ser rehén de un grupo que la usa solo para justificar la agresión y la violencia solo por la violencia misma.

Twitter: @Mega_J_Israel_M
israel.martinez@gmail.com

lunes, 22 de abril de 2013

El discurso perdido del 68 / Columna

De medios y otros demonios

El discurso perdido del 68

J. Israel Martínez Macedo

Este fin de semana se estrenó la película “Tlatelolco: Verano del 68”. Más allá de la evidente referencia al movimiento que terminó con el genocidio ocurrido en esa plaza y el contexto político-social que enmarca la historia de amor que se quiso destacar en el filme, se observa un pequeño detalle que vale la pena resaltar: el discurso.
No me refiero al discurso de la película que se queda a medias en todos los sentidos; sino al de los grupos que se manifiestan contra del sistema, del gobierno, de la situación económica, de las injusticias sociales, de los ricos, de los pobres, de los intolerantes, de la represión, de la falta y abusos de la libertad de expresión, de los monopolios, de la competencia del neoliberalismo, etcétera.
Al ver, al recordar, el discurso tal como se muestra en la película, surge un inevitable paralelismo con el presente que se vive en el México de 2013. A 45 años de los hechos que derivaron en el “genocidio planeado y ejecutado” (así lo determinó el Tercer Tribunal Unitario en Materia Penal en 2006) llama la atención cómo ese sector crítico y exigente que procuraba que el gobierno contuviera sus excesos hoy continúa con los mismos discursos, exigencias y mecanismos.
Pareciera que la evolución social que promovieron y, de una forma u otra, gestaron a partir de la movilización social impulsada por los estudiantes en 1968 se quedó atorada precisamente en esa década. Pasaron los años 70, 80, 90, llegamos a la primer década del siglo XXI, iniciamos la medianía de la segunda y el discurso sigue sin renovarse.
El reclamo de los sectores de la población se identifica con frases tan contundentes com vacías de sentido. La “justicia social” ha llenado calles de pintas y ha llevado a varios grupos a tomar las vías como una forma de manifestación sin que alguno de ellos pueda definir con precisión de qué se trata.
No es nuevo que estos movimientos sociales hayan sido absorbidos por los intereses de grupos de poder que los utilizan a modo de escalón para alcanzar sus fines políticos y, después, desentenderse de esas manifestaciones que los encumbraron.
A pesar del tiempo, el discurso no cambió, las ideas que dieron origen a esos movimientos se anquilosaron y se perdieron en la masa. La fuerza que logró tener en su momento ese discurso revolucionario se extinguió ante la incapacidad de renovar el mensaje.
Las demandas, carencias y necesidades siguen (también es cierto que esos temas nunca han salido de la agenda nacional) pero parece que se acabaron las ideas para hacer que la población ponga atención en ellas.
El viejo discurso de la izquierda se ha alienado y en ese proceso ha perdido su valía.
Un nuevo discurso es tan necesario como un cambio en la dinámica de los movimientos sociales (2 de octubre no se olvida... Ni se renueva). Las ONG pintan para ser la opción pero deben aprender a alejarse de ese rol de defensores sociales y apuntar a mecanismos más modernos como la acción civil, de lo contrario, continuaremos reproduciendo un esquema rebasado por la sociedad.

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