"Escribir sale del alma, los otros medios son aparatos, son máquinas"

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Gabriel García Márquez

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lunes, 27 de agosto de 2012

Y se perdió / Columna

De medios y otros demonios

Y se perdió

J. Israel Martínez Macedo

Acaso ¿alguien recuerda cuál era la demanda inicial de los jóvenes del movimiento #YoSoy132? Muchos creen que esta organización estudiantil buscaba impedir que Enrique Peña Nieto ganara la elección pero no es así.
El movimiento que buscaba que el priista no resultara vencedor del proceso electoral era #TodosSomos131, surgió con la manifestación realizada en la Universidad Iberoamericana; nació en la legítima defensa de los estudiantes que encabezaron las quejas y que intentaron ser descalificados por os “ectivistas”, el grupo conformado por el PRI para tratar de controlar las redes sociales.
El movimiento #YoSoy132 surgió después, cuando los estudiantes del ITAM se unieron a una demanda superior: la “democratización de los medios”. Exigencia que generó el interés de otras universidades, incluida la propia UNAM, y que encausó las manifestaciones en contra de Televisa y, en menor medida, de Televisión Azteca.
Pero en algún punto entre esta exigencia y el resultado electoral #YoSoy132 dejó de abanderar como principal causa esta “democratización” (que nunca lograron definir, en concreto, qué significa) y se sumó a la “defensa del voto” que Andrés Manuel López Obrador y su grupo lanzaron como bandera para ampliar el proceso electoral hasta la decisión en tribunales.
Los universitarios se reunieron en distintos puntos del país: Michoacán, Querétaro, Distrito Federal, nunca en el Estado de México, nunca muy lejos de la zona centro (una regionalización perfectamente definida que habla del alcance e influencia real del movimiento) con algunas réplicas de decenas de estudiantes por cada una de las distintas entidades.
Los anuncios sobre las medidas que se llevarían a cabo para los bloqueos de los siguientes días fueron perdiendo fuerza. Alcanzaron a llevar acciones contra Televisa y las instalaciones de MILENIO en el Distrito Federal pero nada más, la primera por 24 horas, las demás sólo por un rato.
El movimiento perdió fuerza al mismo ritmo que fue abanderando ideales ajenos a aquellos que le dieron cauce y fortaleza al momento de surgir. Lo dicho anteriormente respecto a que no sería lo mismo aglutinar a los estudiantes en temporada vacacional que hacerlo una vez iniciado el semestre parecen hacerse cumplido.
Sin democratización de medios, sin haber podido influir en el resultado de la elección, sin haber impedido que Peña ganara, valdría la pena reflexionar qué fue lo que hizo que el movimiento estudiantil fracasara en todos sus objetivos y cuestionar si no se sobrevaloró una movilización que prometía revolucionar al país… algo que tampoco ocurrió.
Por cierto, hablando de estudiantes universitarios: ¿de quién es la mano que mueve los hilos de las supuestas quejas estudiantiles respecto a los mecanismos de seguridad de CU, en Toluca? La sucesión de la rectoría está con todo.

Twitter: @Mega_J_Israel_M
israel.martinez@milenio.com

miércoles, 22 de agosto de 2012

Destino ineludible / Columna

De medios y otros demonios

Destino ineludible

J. Israel Martínez Macedo

El desgaste de imagen es un fenómeno general que los actores políticos y, en general, las organizaciones sociales deben planificar porque, de lo contrario, corren el riesgo de perder el impacto necesario para sus objetivos justo cuando más lo necesiten.
El problema radica, esencialmente, en la incapacidad de no poder dosificar y controlar el cambio. Paradójicamente los movimientos se vuelven estáticos, no se ajustan a las nuevas necesidades y, con ello están condenados a la extinción.
Las estructuras de los movimientos no son capaces de acoplarse a las necesidades del sistema y por tanto son rechazadas por éste al punto tal en que son incapaces de seguir subsistiendo; su sentencia de muerte está dictada desde su nacimiento pues su ideología “anti sistema” les impide modificarse a sí mismos para producir la información que requieren para subsistir.
Esta situación es en la que se encuentra el grupo lopezobradorista en lo que han dado por llamar “defensa de la democracia” y que no ha sido más que un discurso demagógico y sin objetivos sociales definidos, no así con la mira puesta en un solo fin: imponer a AMLO en la presidencia.
En este juego de contradicciones el grupo lopezobradorista ha reconocido públicamente que si las instituciones nacionales no descalifican e invalidan la elección entonces volverán a las andadas causando molestias a la ciudadanía para que les hagan caso y le den el triunfo al tabasqueño, la lucha “contra la imposición” se convierte en la lucha por la imposición.
El problema es que en el camino andado perdieron fuerza, se desgastaron brutalmente. Quienes los acompañaban con la idea de obtener alguna dádiva postelectoral han abandonado el barco porque saben que la única posibilidad de obtener su objetivo es negociar y ver qué sacan.
Los eternos inconformistas, radicales por naturaleza propia, se mantienen en pie de lucha contra el sistema (sea lo que sea que ellos entiendan por esto) pero hundidos en el estancamiento de ideales, ideas, objetivos, estrategias y estructuras, condenados a la extinción por agotamiento y nada más.
No saber administrar el desgaste, mantener una serie de manifestaciones y marchas constantes y planificar desde la utopía de que se tiene el respaldo de “la mayoría” del país sólo porque es lo que se ve en las redes sociales es una sentencia de muerte segura.
El pataleo perredista de que habrá un conflicto social si no se hace lo que ellos quieren es tan lejano a la realidad que el único resultado posible es el fracaso. Nuevamente serán víctimas de sí mismos.

Twitter: @Mega_J_Israel_M
israel.martinez@milenio.com

lunes, 4 de junio de 2012

El peligro para #YoSoy132 / Columna

De medios y otros demonios

El peligro para #YoSoy132

J. Israel Martínez Macedo

El movimiento que se originó por alumnos de la Ibero, cuando Enrique Peña Nieto visitó sus instalaciones, creció y fue secundado, mayoritariamente, por estudiantes de todo el país que se sumaron bajo la bandera del odio o, al menos, repudio al priismo.
El movimiento logró mantenerse lejos de que algún partido lo abanderara, en parte porque los militantes, en su radicalismo, tenían temor de que estuviera orquestado por su contraparte, es decir: perredistas temían que fuera un asunto del panismo y los panistas que fuera cosa del perredismo.
La descalificación que el priismo intentó hacer respecto a que no eran estudiantes dio pie a la aparición del video en el que 131 alumnos de la institución, credencial en mano, demostraran que no era así.
La población apoyó a este grupo bajo un hashtag de Twitter: #YoSoy132. No obstante en realidad se trataba de dos: éste, de mayor tamaño y promoción mediática y #TodosSomos131, correspondiente a los alumnos de la Ibero que sí reconocen que su objetivo es evitar que Enrique Peña gane la elección (demanda original del 11 de mayo).
Por su parte #YoSoy132 se deslinda de la acción política de #TodosSomos131, los alumnos del ITAM lo definen como un movimiento ciudadano que busca la democratización de los medios en la cobertura informativa; demanda que surgió durante las primeras manifestaciones posteriores a lo ocurrido en la Ibero.
Esta manera en que nace #YoSoy132 le ha convertido en un movimiento multiforme que igual da cabida a la demanda hacia los medios o brinda espacio para que la gente grite consignas en contra de Peña Nieto; en menor medida, también abre sitio a exigencias de justicia y trabajo al gobierno.
El movimiento fue bien recibido por observadores que reconocen la importancia de que los estudiantes universitarios alcen la voz y expresen su pensar sobre las cosas que ocurren en el país (aunque no deja de llamar la atención que sean alumnos de escuelas privadas quienes llevan la batuta en esta ocasión) y que esperan genere resultados en sus demandas.
En contraparte el sistema político activa sus mecanismos para “absorber” e integrar esta nueva manifestación a su esquema: mesas de diálogo y negociación o espacios para que los jóvenes puedan canalizar sus demandas, mismas que se perderán en la vida burocrática.
La única opción que el movimiento tiene para mantener su valor es no caer en el juego del sistema y mantenerse totalmente ciudadano: sin líderes ni dirigentes, sin negociaciones ni pláticas pero con ideas y objetivos claros; de lo contrario no pasará de ser uno más de tantos que nos dieron esperanza de que algo puede pasar y se difuminaron en ese esquema de “negociación” política.

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