Asesor de Comunicación y Periodismo.
Columnista en Milenio Estado de México.
Docente de Periodismo; Universidad del Valle de México campus Toluca.
Docente de Ciencia y Tecnología, Economía y Economía y Política de México; Facultad de Ciencias de la Conducta de la Universidad Autónoma del Estado de México.
"Escribir sale del alma, los otros medios son aparatos, son máquinas"
"Escribir sale del alma, los otros medios son aparatos, son máquinas"
La cobertura informativa del Caso Paulette es un fenómeno digno de especial atención. Desde su comienzo las redes sociales han jugado un papel trascendental en este caso pero también han contribuido a una gran desinformación fomentada por los medios ansiosos por tener la primera versión más allá de la más veraz.
Los medios le tomaron la delantera a la Procuraduría publicando informaciones no confirmadas de fuentes que resultaron no tener completa razón, como cuando anunciaron la supuesta detención de Amada de la Rosa, misma que resultó no ser del todo correcta o la versión de que Paulette Gebara había sido encontrada en una bolsa de plástico.
La PGJEM intentó retomar el control de la información a través de filtraciones que, a mediano plazo, dejaron como resultado la divulgación de material que forma parte de la investigación.
La difusión de información equivocada y sin confirmar generó en la población reacciones diversas que han repercutido en la, de por sí, baja credibilidad sobre las indagatorias que realizan las diversas autoridades involucradas pero principalmente las de la PGJEM.
Las contradicciones entre versiones se han hecho del dominio público, las nanas Erica y Martha Casimiro afirman que al hacer el aseo de la habitación era imposible dejar de notar la presencia del cuerpo en el lugar donde fue encontrado; Lizzette Farah dijo no conocer a Roberto Ayala quien, a su vez, señaló que sí la conoce pero que sólo por las redes sociales.
Mauricio Gebara ha evitado hablar, pero cuando lo hace deja ver que culpa a su esposa por la muerte de la niña. Mientras la PGJEM parece no responder a las versiones periodísticas dejando que las bolas de nieve crezcan tanto que cuando quieren detenerlas se les vuelve imposible.
Las investigaciones periciales continúan, pero la fortaleza de éstas se desvanece en el aire. La opinión pública ha resultado no sólo más crítica que de costumbre, sino más perspicaz con las acciones de la Procuraduría.
Ante todo este escenario, quienes parecen llevar la batuta de la información, quienes dan muestras de decir qué es importante y qué no, pero que además han sabido leer algunos de los futuros movimientos de las autoridades han sido quienes originaron toda esta cobertura: los usuarios de las redes sociales.
Twitter lleva la delantera, su peculiar forma de marcar frases con el hastag (#), da la referencia entre los usuarios de todas las demás redes. #casopaulette, #justiciaesamorparapaulette, #paulettegebara y #paulette son sólo algunos de los tags que los usuarios de la red marcan para referirse al tema.
En manos de los usuarios de internet, se encuentran desde referencias a cada información periodística del caso (como el video de Milenio Televisión que muestra cómo encontraron el cuerpo de la niña en la base de la cama) hasta bromas de humor negro que reflejan cómo el caso comienza a trivializarse.
¿Quién es responsable de que las redes sociales lleven la batuta en el caso Paulette? ¿Los medios? ¿Comunicación Social de la PGJEM? ¿Ambos? ¿Ninguno? Es un hecho que el trabajo periodístico y de comunicación social ha quedado a deber, informar mucho o hacerlo primero no significa que se esté haciendo bien. Y las redes sociales dan testimonio de ello.
El sol adelantó una hora su aparición en el horizonte. Mañana fría, nublada a la medianía. Anunciaba la cercanía del fin o, tal vez, del principio, de un renovado, distinto, doloroso, penoso calvario
Toluca – J. Israel Martínez
Cada uno vivió su propio Domingo de Resurrección. Mauricio Antonio Gebara Rahal, Lizzette Farah Farah así como las hermanas Erika y Martha Casimiro Cesareo seguirán bajo investigación pero lo harán en libertad. Cada uno a su propio modo, mostrando las heridas de su respectivo Vía Crucis, abandonaron el Hotel Antigua, sede de arraigos de la procuraduría mexiquense en Toluca.
Todo estalló la tarde del sábado. Un rumor elevado a rango de noticia recorrió todos los portales de internet: La supuesta detención de quien se señala como amiga de Lizzette Farah, Amanda de la Rosa “La China”, levantó una tolvanera que ni la versión oficial de la dependencia negando el hecho lograba aplacar.
La confirmación de una incursión infructuosa en tierras veracruzanas apuntaba a ser la nota del día, la que impedía que el caso se perdiera con la tradición vacacional de Semana Santa.
Llegó el anuncio de un comunicado oficial de la procuraduría mexiquense, se esperaba el desmentido, nada más erróneo. El boletín informó sobre la solicitud de la dependencia para levantar un efímero arraigo de apenas seis días. Ambiguo, sin detalles, indefinido, el documento abrió el espacio a más especulaciones.
La maltrecha fachada estilo colonial del Hotel Antigua -burla del destino, ubicado a media cuadra de un kinder- se vio asaltada por fotógrafos y reporteros, ansiosos cazadores de una imagen, de una declaración de una mueca, de una expresión, de la nota del momento.
No ocurrió.
El anuncio generó la visita de los familiares que; sin embargo, sabían que no ocurriría esa noche. La libertad debía esperar.
La noche avanzó, las cámaras y micrófonos se esfumaron entre las sombras. En el anonimato de la oscuridad, de los vehículos genéricos que circulan a vuelta de rueda sobre la avenida Hidalgo, una voz solitaria, una mujer, la queja común de una sociedad que ha juzgado y sentenciado sin más pruebas que la conciencia social hecha personal: “pinche vieja asesina” un nuevo grito que exige una, quizás, “moderna crucifixión”; como aquella famosa, sin evidencias, con la sola presunción de culpabilidad.
A las 4:00 de la mañana no hubo más qué esperar. En la oscuridad, el metálico sonido del cerrojazo se adelantó al aviso: “Nadie entra ni sale, hasta las 8:00”. Y así fue.
El sol adelantó una hora su aparición en el horizonte. Mañana fría, nublada a la medianía. Anunciaba la cercanía del fin o, tal vez, del principio, de un renovado, distinto, doloroso, penoso calvario.
El cerrojo corrió de nuevo, ahora bajo la luz del día. Reaparecieron las lentes y los micrófonos, con ellos también el pesado tránsito. Anticipo inequívoco de un espectáculo digno del circo romano. Leones de chips, lentes y transistores que agrupaban la manada para el feroz ataque, expectantes de que la primera presa apareciera en la arena… y lo hizo.
A las 10:05, en un Honda Civic color blanco llegaron los primeros centinelas con la única misión de ayudar en el escape. Recibieron los embates de la manada. Sólo 10 minutos después apareció uno de ellos para dar la cara, para pedir respeto y comprensión al dolor de un padre cuya hija le ha sido arrebatada para siempre, sin saber cómo o por qué o por quién.
El normalmente agresivo embate bajó su intensidad pero no dejó de ocurrir. Flashes y carreras, tras un hombre afligido, pálido, deseoso de salir de ahí pero que nunca buscó ocultarse, sólo salir, simplemente salir de ahí; Mauricio era libre pero ¿libre para qué?
A las 11:00 el preludio a la siguiente salida. Una mediáticamente más interesante, más atractiva, más ¿morbosa? En una Lincoln Navigator aparecen dos nuevos guardias.
Ella entra al recinto de resguardo. Él espera afuera. Ella cruza el umbral cargando una pesada maleta deportiva roja y pide: “ayúdame a cuidarla”. Él la sigue decidido. Lizzette aparece en el umbral de la puerta metálica con el rostro cubierto hasta la nariz, atraviesa a rajatabla: empujones, jaloneos, gritos, cuestionamientos, dudas. No hubo respuestas, sólo una rápida, furiosa y violenta huída. Nada más.
Aún faltaban dos. Y su turno llegaría a las 11:40. Nuevamente dos custodios. Salvador Cuevas entró y salió con una bolsa de ropa, en un segundo ingreso sorprendió con un cargamento similar. Después, la aparición de dos mujeres que se cubrieron por completo, Erika y Martha huyeron hasta un Crown Victoria americano color dorado. Se enconcharon en el asiento trasero y no volvieron a alzar el rostro.
Avanzaron perseguidas ferozmente por el grupo que les dio alcance media cuadra después en una luz roja que les obligó al alto total. Con los vidrios abajo, su representante legal no tuvo más posibilidad que atajar los embates.
“No regresarán a trabajar con la familia”, “ya están libres”, “-vamos a su casa -¿de qué municipio son? -De Villa del Carbón”, “Hay otros implicados” un diálogo breve que apenas fue cortado por el nuevo avance del vehículo.
Terminaron seis días de aislamiento, de soledad, de desesperación, de agresiones anónimas. Fueron liberados más no exonerados. Seguirán las investigaciones, las pesquisas, los ataques, las agresiones, los descontentos, los juicios y los prejuicios, con la salvedad de que ahora podrán enfrentarlos de frente y en libertad.
La historia aún no está finalizada. Eso dice la procuraduría. Resta mucho por analizar, por investigar, por probar y comprobar. Queda el sentimiento en el imaginario colectivo: rabia, ira, odio, rencor por la muerte inexplicable de una menor, de una niña que necesitaba cuidados especiales y que, sin saber los motivos o los culpables, ya no está.
El caso de la muerte de la pequeña Paulette Gebara Farah (QEPD) dejó muchas cosas en evidencia que necesitan un análisis concienzudo y crítico, no sólo desde los medios, las instituciones o la academia, sino debe realizarse en cada uno de los sectores de la sociedad.
Desde el punto de vista comunicativo tres son los temas que destacan sobre la cuestión: evidentemente, el manejo informativo respecto a las actuaciones de la procuraduría mexiquense; la forma en que las redes sociales rompen la barrera del ciberespacio e influyen en la vida cotidiana; y el impacto que esta fórmula tendrá en la imagen de un gobierno que, si algo ha cuidado, ha sido eso, la percepción que de él tiene la gente.
En el primer caso, todo indica que la PGJEM perdió el control de la información que se relacionaba con el caso (si es que alguna vez la tuvo); la familia salió en los medios desde el principio, cuando se pensaba que la niña estaba extraviada ¿qué investigación de desaparición involucra una campaña de medios de este tipo o a ese nivel?
Más aún cuando el caso tomó el mórbido giro de la muerte de la pequeña y la posible relación de algún familiar cercano y que ocasionaron que el imaginario construyera (sólo con pruebas circunstanciales, hay que decirlo) una villana de cuento en la madre, sin un solo dato sólido y contundente que la señale (por lo menos hasta ahora).
La presunta detención de Amanda de la Rosa “La China” representó un pésimo manejo de medios. En lugar de atacar el problema directo cortando de tajo los rumores, se optó por anunciar una acción más escandalosa que termina por distraer unos instantes del tema, pero que inevitablemente puede volver a detonar en cualquier momento.
Respecto a la manera en que las redes sociales impactaron en el caso, basta ver que lo hicieron desde el momento en que se pensaba en un extravío. Twitter y Facebook lanzaron cualquier cantidad de réplicas de la fotografía de la menor, lo que, inevitablemente obligaría a la gente a saber qué pasaba con este caso.
No sólo eso, conforme los avances de las investigaciones se fueron haciendo públicos; las redes sociales juzgaron, culparon y sentenciaron al chivo expiatorio de su preferencia, sin pruebas, simplemente la difusión de un sentimiento personal que se volvió común. Sin lugar a dudas un arma muy poderosa.
Pero el tercer punto es el riesgo que representa la mezcla de ambos. El mal manejo de medios (internet incluido) y el interés que generó el caso en la gente arroja un inevitable impacto en la imagen del gobierno. Una cosa es segura, los comentarios en las redes son muy similares: ¿se quedará impune la muerte de Paulette? ¿Trabaja el gobierno para encontrar a los responsables o para liberar a los familiares? ¿El gobierno podrá evitar que un mal manejo de la investigación sea traducido a la percepción de una pésima administración bajo la fórmula: este caso no funciona, entonces: el sistema tampoco?
Es un asunto delicado y no queda más que esperar su resolución legal; pero si sigue creciendo, por muy buena que sea la indagatoria y sustentada la conclusión no habrá forma de que sea creíble si contradice la creencia social. Dicho de otro modo, pase lo que pase el caso estaría perdido desde ya.