"Escribir sale del alma, los otros medios son aparatos, son máquinas"

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Gabriel García Márquez

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lunes, 26 de diciembre de 2011

Información privada en lugares públicos / Columna

De medios y otros demonios

Información privada en lugares públicos

J. Israel Martínez Macedo

El cierre de 2011 nos deja con una gran duda respecto a las redes sociales y la información que manejamos en ellas. Imágenes fotográficas, mensajes privadas, conversaciones, archivos de texto, ideas, proyectos, sueños, emociones, información personal que voluntariamente compartimos con la idea de que nadie más la puede ver ¿en serio?
Dos noticias, independientes una de la otra, tendrían mucho qué ver en este asunto y nos dimensionarían el tamaño de problema al que nos estamos enfrentando respecto al uso de información.
Primero, Max Schrems, un estudiante de derecho descubrió que luego de tres años de estar en Facebook la empresa de redes sociales cuenta con información (mil 222 páginas con datos personales divididos en 57 categorías como aficiones, gustos, opiniones religiosas, entre otras) y no sólo eso, la empresa no borra los datos que el usuario decide eliminar sino que, básicamente, sólo los oculta de la vista pero se mantienen en su base de datos por tiempo indefinido.
La segunda tiene que ver con el grupo Anonymous y su más reciente ataque a los clientes del instituto de seguridad estadounidense Stratford. Los hackers de esta organización extrajeron 200 gigabytes de información sobre los clientes de esta empresa y, de diversas cuentas robaron un millón de dólares mismos que fueron depositados a instituciones de asistencia social y amenazó con continuar con estas acciones durante la semana.
Las leyes sobre manejo de información difieren dependiendo de cada país, en algunos procuran la protección de los datos personales mientras que en otros esta medida no es muy estricta y queda en responsabilidad de las empresas el adecuado manejo de estos.
Sin embargo pocas por no decir que ninguna regulación considera la información que las empresas pueden mantener o no independientemente del interés de los usuarios. Éstas se protegen con un contrato en el que el usuario cede los derechos del manejo de la información a la empresa sin que existan garantías sobre la seguridad.
Más aún, como queda probado, no hay quien pueda garantizar la protección de los datos y por tanto siempre existe un riesgo de vulnerabilidad para todos los usuarios.
¿No es tan grave? Trate de recordar alguna conversación comprometedora a través del chat de Facebook que quedó guardada en su inbox y que después haya querido borrar. Datos enviados por mensaje privado como números telefónicos direcciones y varios etcéteras.
La privacidad es un tema fundamental para estas empresas que deben hacerse responsables de aquello que los usuarios les confiamos, forma parte de nuestras vidas; pero igualmente nosotros debemos exigir que así lo hagan.
Grupos como Anonymous continuarán buscando atacar a estas agrupaciones, es parte de su esencia, de tal manera que todo se reduce a la necesidad (básica en estos días) de aprender a manejar la información que se comparte y la que no debe ser compartida, de lo contrario el riesgo de encontrarse expuestos es, en verdad, mayúscula.

Twitter: @Mega_J_Israel_M
israel.martinez@milenio.com

lunes, 19 de octubre de 2009

LyFC: información, contrainformación y desinformación / Columna

De medios y otros demonios

LyFC: información, contrainformación y desinformación

J. Israel Martínez Macedo

Una semana ha pasado desde la liquidación de Luz y Fuerza del Centro (LyFC) y como resultado comenzó una guerra informativa entre el gobierno federal y el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) que pugnan por granjearse el apoyo de la sociedad, y con él, la validez de las acciones consecuentes.
Para poder legitimar la decisión de liquidar LyFC, el gobierno federal hizo públicos los costos de mantenimiento de la empresa, los comparó con el gasto en seguridad pública o desarrollo social (en algunos momentos, incluso, generando la ilusión de que ese dinero se va a destinar a dichas áreas, ¡ja!) y destacó las pérdidas de la empresa.
Los sindicalizados no supieron responder al instante, más preocupados por lo que pasaría con sus empleos, parece que hubieran recurrido a alguna gaveta cerrada desde los años 60 o 70 con la indicación: “abrase en caso de liquidación de la empresa”, sacaron los discursos de la izquierda de aquella época (hoy ya bastante desgastada) y atrajeron los apoyos de organizaciones que no son muy bien vistas por la mayoría de la población.
El primer round de la guerra informativa lo ganó el gobierno federal. Los informes de los medios señalaban que la gente estaba conforme con la decisión por lo que fue momento de un segundo asalto y desde los sectores oficiales llegó el siguiente golpe: con 3 mil 500 empleados se tiene cubierto el trabajo de 44 mil, anunciaron.
Las marchas y concentraciones masivas organizadas por el SME no sólo no abonaron al apoyo social sino que generaron malestar entre la gente, sin que nadie lo pidiera, se deslindaron de fallas en el suministro y con ello levantaron la mano como primeros sospechosos frente a la opinión pública por apagones y cortes que llegaron posteriormente.
Las estrategias de contrainformación: los discursos sesenteros, las descalificaciones al “gobierno usurpador”, los ataques a los “medios vendidos” ya no causan mella en la sociedad acostumbrada a escuchar la misma cantaleta en el EZLN, FPDT, UPREZ, Antorcha Campesina, APPO y hasta PRD y PT, entre muchos otros que se han encargado de desgastar el argumento, generando la ineficacia en la penetración del mensaje.
El sector oficial (no sólo desde el gobierno federal) insinuó que el SME está detrás de los apagones y parecía que el movimiento recibía el gancho al hígado que no le permitiría levantarse; sin embargo, surgió otro discurso: el del desempleo; y con él, una manera de ganar adeptos.
En medio de la guerra de versiones están los empleados de Luz y Fuerza que ya no saben a quién creer. Si les pagan, si les devuelven el empleo, si los recontratan ahora en la CFE, si les dan asesorías para invertir su dinero, etcétera, etcétera. Son víctimas de sus líderes quienes por años sólo se preocuparon por los intereses de su grupo; del gobierno que no es capaz de idear soluciones creativas a los problemas que le generaba la empresa y que optó por lo fácil: desaparecerla; pero también de sí mismos, por permitir que todo ello ocurriera.
La guerra informativa continuará. Lo que es creíble y lo que no se convierte en un indescifrable acertijo. Rumores, declaraciones, discursos, información y contrainformación pugnan, ya no por mantener a LyFC -esa ya no regresa y todos los actores lo saben- pero sí por regular el nivel de desinformación; después de todo, en el río revuelto se pueden ganar unos cuantos partidarios con miras a 2011 y 2012, ¿por qué no hacer el esfuerzo?

israel.martinez@milenio.com

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