De medios y otros demonios
La foto de la recaptura
J. Israel Martínez Macedo
En la recaptura de Joaquín Guzmán Loera “El Chapo” hay una imagen que pocas veces logra ser tan nítida, es la fotografía que nos deja ver más claramente el país que somos.
Por la parte gubernamental, un triunfalismo desmedido del gabinete de seguridad, apenas fielmente reflejado en el video de parodia donde se unen imágenes del anuncio de la captura con las de la película “Armageddon”.
Esa manera de gritar a los cuatro vientos la detención, revela el nivel de presión que, en particular, el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong y, en general, todo el gabinete de seguridad sentían cada día que pasaba sin captura.
Es innecesario, a todas luces, festejar que se corrigió un error descomunal, apenas cabía la sobriedad del anuncio.
Además, al revelarse los detalles de la captura se supo que no se trató de un golpe de inteligencia militar y policiaca sino de suerte; pura, llana y simple suerte:
El operativo buscaba a Iván Gastelum “El Cholo”, nadie sabía que “El Chapo” estaba ahí. La incursión ya había fallado pues ambos delincuentes lograron evadirla; no obstante, dos policías federales los detuvieron en carretera y los trasladaron al hotel donde serían asegurados por elementos de la Marina.
Las versiones sobre la acción de los federales varía, una menciona que ya detenidos “El Cholo” advirtió a los policías sobre quién era su acompañante y que los dejaran ir porque ya no tardaban en llegar los refuerzos para liberarlos y escoltarlos.
De este detalle se desprenden buenas noticias: a pesar del mar de corrupción en el que navega el país, aún hay sitios donde los servidores públicos actúan como deben hacerlo, sin precio ni temor.
No se puede dejar fuera la imagen de la sociedad mexicana que se volcó a las redes sociales. Hubo de todo: los que siempre desacreditan, los que siempre aplauden, los conspiranóicos, los que ven en el gobierno un ente todopoderoso que todo controla (lo mismo enferma que cura a placer), los desinformados, los que “disparan” sarcasmo a lo que se mueva y los que saben qué pasa pero que nadie pela porque cada quien está en lo suyo. Tantas voces sin oídos.
Reflejo de la sociedad que somos, vivimos o sufrimos día con día; tan acostumbrados a que todo sale mal que, cuando sale bien, algo debe estar mal.
En los medios y la política aparecieron los que nunca reconocerán un triunfo gubernamental y los que aplaudirán por siempre al gobierno; las dos partes, héroes de la polarización que, a final de cuentas, los nutre a ambos.
Sin duda somos ese país surrealmente real, digno de los retratos que de Buñuel a Tarantino se nos han hecho, seguimos siendo ese ciego de “Los Olvidados” incapaces de vernos parte de este lugar llamado México, donde todo y nada es posible.
@Mega_J_Israel_M
israel.martinez@milenio.com
Asesor de Comunicación y Periodismo. Columnista en Milenio Estado de México. Docente de Periodismo; Universidad del Valle de México campus Toluca. Docente de Ciencia y Tecnología, Economía y Economía y Política de México; Facultad de Ciencias de la Conducta de la Universidad Autónoma del Estado de México.
"Escribir sale del alma, los otros medios son aparatos, son máquinas"
"Escribir sale del alma, los otros medios son aparatos, son máquinas"Gabriel García Márquez
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lunes, 11 de enero de 2016
La foto de la recaptura / Columna
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lunes, 2 de noviembre de 2015
La propuesta basura de Omar Fayad / Columna
De medios y otros demonios
La propuesta basura de Omar Fayad
J. Israel Martínez Macedo
El senador priista Omar Fayad presentó una iniciativa de ley que busca regular el uso de Internet en nuestro país; sin embargo, sus determinaciones ambiguas, la falta de profundidad en varios temas y la ignorancia demostrada ante asuntos cruciales como la deep web, han hecho de esto no solo algo inviable sino una burla.
Regular Internet en México no es algo nuevo, desde el sexenio pasado, el gobierno de Felipe Calderón sumó a México en la firma del Acuerdo Comercial contra la Falsificación (ACTA por sus siglas en inglés) que restringen el uso y acceso a la red además de que abren la puerta al espionaje gubernamental.
Para fortuna de los internautas mexicanos, el Congreso votó no avalar la firma de este acuerdo y todas esas restricciones quedaron sin vigor en nuestro país aunque quedó el precedente.
La propuesta de Fayad tiene una evidente intención de censura negativa que no solo no abona a la democracia sino que es contraria a sus principios y valores más fundamentales y atenta, inclusive, contra los principios básicos de los artículos sexto y séptimo constitucionales.
Como muchas otras propuestas absurdas que se han presentado en nuestro país, la de Fayad trata de ser justificada bajo el argumento de que pretende abrir el tema a discusión con miras a lograr una ley sólida y congruente que regule el uso de Internet.
Las experiencias previas no han sido muy buenas porque los debates subsecuentes se realizan en función de echar abajo la propuesta inicial y no para obtener la mejor versión, de tal modo que la ley resultante se contenta con que se supere la propuesta original aunque no responda a las necesidades reales del país.
Lo que los legisladores, y políticos en general, no han entendido sobre Internet es que no debe regularse su uso sino prevenir situaciones donde el abuso y, sobre todo, perjuicio malintencionado de los usuarios sea sancionado en aras de una sana convivencia en la red.
Lo que posibles ordenamientos en la materia deben cuidar, sobre cualquier cosa, es que no se vulneren las garantías individuales de los ciudadanos, en específico las de libertad de expresión así como las equivalencias en la web de la libertad de imprenta.
Propuestas como la de Omar Fayad no abonan ni a la discusión ni a encontrar solución a un problema real que es el abuso de Internet, incluso la proliferación —al margen de la ley— de "policías cibernéticas" de las que nadie informa alcances y limitaciones en su actuar.
En el momento en el que se encuentra México ¿es necesaria una ley para Internet? La respuesta es sí, sin duda; pero no así con la propuesta de Fayad, sino algo realmente serio y trascendente.
@Mega_J_Israel_M
israel.martinez@milenio.com
La propuesta basura de Omar Fayad
J. Israel Martínez Macedo
El senador priista Omar Fayad presentó una iniciativa de ley que busca regular el uso de Internet en nuestro país; sin embargo, sus determinaciones ambiguas, la falta de profundidad en varios temas y la ignorancia demostrada ante asuntos cruciales como la deep web, han hecho de esto no solo algo inviable sino una burla.
Regular Internet en México no es algo nuevo, desde el sexenio pasado, el gobierno de Felipe Calderón sumó a México en la firma del Acuerdo Comercial contra la Falsificación (ACTA por sus siglas en inglés) que restringen el uso y acceso a la red además de que abren la puerta al espionaje gubernamental.
Para fortuna de los internautas mexicanos, el Congreso votó no avalar la firma de este acuerdo y todas esas restricciones quedaron sin vigor en nuestro país aunque quedó el precedente.
La propuesta de Fayad tiene una evidente intención de censura negativa que no solo no abona a la democracia sino que es contraria a sus principios y valores más fundamentales y atenta, inclusive, contra los principios básicos de los artículos sexto y séptimo constitucionales.
Como muchas otras propuestas absurdas que se han presentado en nuestro país, la de Fayad trata de ser justificada bajo el argumento de que pretende abrir el tema a discusión con miras a lograr una ley sólida y congruente que regule el uso de Internet.
Las experiencias previas no han sido muy buenas porque los debates subsecuentes se realizan en función de echar abajo la propuesta inicial y no para obtener la mejor versión, de tal modo que la ley resultante se contenta con que se supere la propuesta original aunque no responda a las necesidades reales del país.
Lo que los legisladores, y políticos en general, no han entendido sobre Internet es que no debe regularse su uso sino prevenir situaciones donde el abuso y, sobre todo, perjuicio malintencionado de los usuarios sea sancionado en aras de una sana convivencia en la red.
Lo que posibles ordenamientos en la materia deben cuidar, sobre cualquier cosa, es que no se vulneren las garantías individuales de los ciudadanos, en específico las de libertad de expresión así como las equivalencias en la web de la libertad de imprenta.
Propuestas como la de Omar Fayad no abonan ni a la discusión ni a encontrar solución a un problema real que es el abuso de Internet, incluso la proliferación —al margen de la ley— de "policías cibernéticas" de las que nadie informa alcances y limitaciones en su actuar.
En el momento en el que se encuentra México ¿es necesaria una ley para Internet? La respuesta es sí, sin duda; pero no así con la propuesta de Fayad, sino algo realmente serio y trascendente.
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lunes, 10 de noviembre de 2014
Tristeza profunda / Columna
De medios y otros demonios
Tristeza profunda
J. Israel Martínez Macedo
Indignación, coraje, rabia, decepción. Son solo algunas de las palabras que se repitieron una y otra vez este viernes en las distintas redes sociales de México. El anuncio hecho por el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam sobre el destino de los 43 estudiantes de Ayotzinapa raya en el insulto a la inteligencia.
Las incongruencias de la versión oficial son demasiadas y absurdas, parecen uno más de esos montajes armados así como para dar carpetazo al tema y dejar que las cosas “se enfríen” para pasar a la siguiente desgracia nacional.
Es indignante la forma en la que el titular de la PGR toma las cosas: desgarbado, recargándose de manera informal sobre el atril como si estuviera en una cantina platicándole a sus amigos de juerga algún chiste o una historia más del trabajo; sin respeto y alcanzando a decir, no tan fuera del micrófono, el tristemente célebre “ya me cansé”.
¿Cómo no enojarse ante tal displicencia? ¿Cómo no enfurecerse y sentir identidad con los padres de los jóvenes desaparecidos si prácticamente es el mismo trato que da cualquier agente del Ministerio Público del país cuando intenta explicar a las víctimas los resultados de su “sesuda” investigación?
Se voltea entonces a la sociedad y ¿qué ocurre? Cobardes encapuchados prenden fuego a las puertas de Palacio Nacional. Grupos de choque (no se entiende que ciudadanos que se manifiestan libremente anden cargando gasolina “para lo que se pueda ofrecer” ¿no?) que solo buscan magnificar lo evidente: la impotencia, incapacidad o desinterés del gobierno federal; es decir, lo de siempre.
Mientras las puertas del Palacio Nacional ardían, propagandistas que se hacen pasar por pseudoreporteros se apuraban a tuitear argumentos en defensa de estos grupos; diciendo que había cosas raras en su actuar y tratando de insinuar que podrían ser “infiltrados”.
Desolación absoluta.
De un lado: un gobierno impotente, incapaz o indiferente (que para el caso da exactamente la misma cosa). Del otro: una sociedad confundida, aturdida, manipulada, fastidiada y menospreciada, cuyas causas son descontextualizadas y utilizadas para los más bajos fines políticos (lo de siempre).
¿Qué nos queda? ¿Hacía dónde hacernos ante un cúmulo de personas que no quieren justicia sino venganza? ¿En quién refugiarnos si quienes deberían protegernos están más ocupados en convencerse de que las cosas no son como parecen y que se trata de un asunto efímero?
Combatir violencia con violencia nos ha traído al México que somos hoy, al que nos hemos convertido. Y parece que aún no hemos aprendido que hay otras formas y otros caminos. Hay razones para estar tristes, más que las evidentes.
Twitter: @Mega_J_Israel_M
israel.martinez@milenio.com
Tristeza profunda
J. Israel Martínez Macedo
Indignación, coraje, rabia, decepción. Son solo algunas de las palabras que se repitieron una y otra vez este viernes en las distintas redes sociales de México. El anuncio hecho por el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam sobre el destino de los 43 estudiantes de Ayotzinapa raya en el insulto a la inteligencia.
Las incongruencias de la versión oficial son demasiadas y absurdas, parecen uno más de esos montajes armados así como para dar carpetazo al tema y dejar que las cosas “se enfríen” para pasar a la siguiente desgracia nacional.
Es indignante la forma en la que el titular de la PGR toma las cosas: desgarbado, recargándose de manera informal sobre el atril como si estuviera en una cantina platicándole a sus amigos de juerga algún chiste o una historia más del trabajo; sin respeto y alcanzando a decir, no tan fuera del micrófono, el tristemente célebre “ya me cansé”.
¿Cómo no enojarse ante tal displicencia? ¿Cómo no enfurecerse y sentir identidad con los padres de los jóvenes desaparecidos si prácticamente es el mismo trato que da cualquier agente del Ministerio Público del país cuando intenta explicar a las víctimas los resultados de su “sesuda” investigación?
Se voltea entonces a la sociedad y ¿qué ocurre? Cobardes encapuchados prenden fuego a las puertas de Palacio Nacional. Grupos de choque (no se entiende que ciudadanos que se manifiestan libremente anden cargando gasolina “para lo que se pueda ofrecer” ¿no?) que solo buscan magnificar lo evidente: la impotencia, incapacidad o desinterés del gobierno federal; es decir, lo de siempre.
Mientras las puertas del Palacio Nacional ardían, propagandistas que se hacen pasar por pseudoreporteros se apuraban a tuitear argumentos en defensa de estos grupos; diciendo que había cosas raras en su actuar y tratando de insinuar que podrían ser “infiltrados”.
Desolación absoluta.
De un lado: un gobierno impotente, incapaz o indiferente (que para el caso da exactamente la misma cosa). Del otro: una sociedad confundida, aturdida, manipulada, fastidiada y menospreciada, cuyas causas son descontextualizadas y utilizadas para los más bajos fines políticos (lo de siempre).
¿Qué nos queda? ¿Hacía dónde hacernos ante un cúmulo de personas que no quieren justicia sino venganza? ¿En quién refugiarnos si quienes deberían protegernos están más ocupados en convencerse de que las cosas no son como parecen y que se trata de un asunto efímero?
Combatir violencia con violencia nos ha traído al México que somos hoy, al que nos hemos convertido. Y parece que aún no hemos aprendido que hay otras formas y otros caminos. Hay razones para estar tristes, más que las evidentes.
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lunes, 3 de noviembre de 2014
Un día de sinsentido / Columna
De medios y otros demonios
Un día de sinsentido
J. Israel Martínez Macedo
Este día no encuentro sentido a lo que pasa y tengo la sensación que no soy el único en pensarlo. Con honestidad debo decir que escribir la columna de hoy ha sido más difícil que cualquier otra cosa en el tiempo que llevo escribiendo para los medios.
Normalmente tengo claro el panorama de mi perspectiva y encuentro el modo de reflejarlo en un texto que cumpla con la calidad para ser publicado. Pero no hoy.
Quienes han leído estas líneas los últimos años saben que evito siempre hablar en primera persona; que me mantengo al margen de intentar, siquiera, emitir un juicio solo porque se trate de una creencia o una convicción sin mayor sustento que eso y que incluso he cuestionado temas en los que tenía o tuve fe ciega.
Es que solo no encuentro la lógica que impera en el pensamiento del mexicano, es más, en este momento ni siquiera me atrevería a asegurar que exista tal cosa como “una lógica del pensamiento mexicano”.
Entro a las redes sociales y veo personas que se sorprenden porque en las manifestaciones de estudiantes de Hong Kong los jóvenes hacen tarea, recogen la basura que tiran y dejan mensajes a las personas pidiendo disculpas por las molestias ocasionadas.
Descubro que las mismas personas comentan en sus espacios que esos jóvenes son ejemplo a seguir, que eso es una manifestación democrática y que se debería aprender en México pero después aplauden cual fanes la decisión de los universitarios mexicanos de irse a paro nacional por 72 horas. ¿Dónde está la lógica aquí?
Pienso, con plena convicción, que el Estado mexicano debe responder por los hechos de Iguala. Lo hago con la misma convicción con la que pienso que la sociedad mexicana debe dejarse de mojigaterías y asumir su responsabilidad no solo por esos hechos sino por todo lo que pasa en nuestro país.
Simplemente no hallo cómo es que el suspender clases en las universidades va a servir de algo, ya no digamos en el caso Ayotzinapa, sino para un fin superior que sería el bienestar de México.
¿En serio son nuestros universitarios tan inocentes —me debato en usar aquí la palabra ingenuos— como para pensar que un gobierno tan indolente como el nuestro (no solo de esta administración sino de todas) tendrá alguna preocupación de que se paren la escuelas tres días cuando no lo ha hecho ante la evidencia de la situación nacional?
Me niego a pensar que mi papel en la sociedad se limita a exigirle a otro que haga lo que yo no estoy dispuesto hacer, sin ofrecer soluciones ni salidas, sin reflexionar sobre lo que pasa y solo reducirme al regocijo cuando nada funcione para poder decir: lo sabía y se los dije. No me siento tan mezquino.
Solo es que este día no encuentro sentido a lo que pasa y tengo la sensación que no soy el único en pensarlo.
Twitter: @Mega_J_Israel_M
israel.martinez@mileni.com
Un día de sinsentido
J. Israel Martínez Macedo
Este día no encuentro sentido a lo que pasa y tengo la sensación que no soy el único en pensarlo. Con honestidad debo decir que escribir la columna de hoy ha sido más difícil que cualquier otra cosa en el tiempo que llevo escribiendo para los medios.
Normalmente tengo claro el panorama de mi perspectiva y encuentro el modo de reflejarlo en un texto que cumpla con la calidad para ser publicado. Pero no hoy.
Quienes han leído estas líneas los últimos años saben que evito siempre hablar en primera persona; que me mantengo al margen de intentar, siquiera, emitir un juicio solo porque se trate de una creencia o una convicción sin mayor sustento que eso y que incluso he cuestionado temas en los que tenía o tuve fe ciega.
Es que solo no encuentro la lógica que impera en el pensamiento del mexicano, es más, en este momento ni siquiera me atrevería a asegurar que exista tal cosa como “una lógica del pensamiento mexicano”.
Entro a las redes sociales y veo personas que se sorprenden porque en las manifestaciones de estudiantes de Hong Kong los jóvenes hacen tarea, recogen la basura que tiran y dejan mensajes a las personas pidiendo disculpas por las molestias ocasionadas.
Descubro que las mismas personas comentan en sus espacios que esos jóvenes son ejemplo a seguir, que eso es una manifestación democrática y que se debería aprender en México pero después aplauden cual fanes la decisión de los universitarios mexicanos de irse a paro nacional por 72 horas. ¿Dónde está la lógica aquí?
Pienso, con plena convicción, que el Estado mexicano debe responder por los hechos de Iguala. Lo hago con la misma convicción con la que pienso que la sociedad mexicana debe dejarse de mojigaterías y asumir su responsabilidad no solo por esos hechos sino por todo lo que pasa en nuestro país.
Simplemente no hallo cómo es que el suspender clases en las universidades va a servir de algo, ya no digamos en el caso Ayotzinapa, sino para un fin superior que sería el bienestar de México.
¿En serio son nuestros universitarios tan inocentes —me debato en usar aquí la palabra ingenuos— como para pensar que un gobierno tan indolente como el nuestro (no solo de esta administración sino de todas) tendrá alguna preocupación de que se paren la escuelas tres días cuando no lo ha hecho ante la evidencia de la situación nacional?
Me niego a pensar que mi papel en la sociedad se limita a exigirle a otro que haga lo que yo no estoy dispuesto hacer, sin ofrecer soluciones ni salidas, sin reflexionar sobre lo que pasa y solo reducirme al regocijo cuando nada funcione para poder decir: lo sabía y se los dije. No me siento tan mezquino.
Solo es que este día no encuentro sentido a lo que pasa y tengo la sensación que no soy el único en pensarlo.
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lunes, 27 de octubre de 2014
México: ¿Cuándo nos perdimos? / Columna
De medios y otros demonios
México: ¿Cuándo nos perdimos?
J. Israel Martínez Macedo
El secuestro de los 43 de Ayotzinapa abre la reflexión para muchas cosas que están pasando en el país; las manifestaciones siguientes a este hecho han trasladado el asunto a un tema más profundo: ¿Qué pasa con nuestra sociedad?
El cuestionamiento toca lo más hondo del entramado social. ¿En qué momento nos perdimos? ¿Cuándo dejamos de pensar que 43 vidas no valían ser reclamadas? ¿Cuándo comenzamos a apoyar al delincuente solo para dejar salir nuestro odio contra el gobierno?
Tal parece que la nación mexicana ha desaparecido, se desintegró en algún momento y no nos dimos cuenta ni cuándo. Se nos esfumó de las manos sin notarlo y vivimos la consecuencia de ello.
Antaño un sinónimo de delincuente era “inadaptado social”. ¿Cuándo los adaptamos a la sociedad? O ¿acaso la sociedad se está adaptando a ellos? ¿Cuándo nos permitimos convivir con ellos? Más aún ¿cuándo nos permitimos convertirnos en ellos? ¿De verdad los buenos somos más?… ¿En serio somos buenos?
¿Por qué nos acostumbramos a los asesinatos ya tan cotidianos? ¿Bajo qué circunstancias resolvimos que la culpa de todo la tiene el gobierno? Y ¿qué nos hizo pensar que la solución de todo la debe tener el gobierno?
¿Cómo permitimos que la delincuencia conviva con la sociedad? ¿Cómo hacemos para vivir tranquilos observando que alguien delinque y callando? ¿Cuándo nos inundó el miedo a grado tal que preferimos mirar hacia otro lado en lugar de ayudar a alguien?
México requiere una revolución; pero no esa que reclaman los anarquistas, sinarquistas, izquierdistas o cualquier otro “ista”. No lograremos nada confrontándonos unos con otros solo porque tenemos miedo o pensamos que todo está mal y que alguien más debe solucionarlo.
Hay ejemplos conocidos, no son muchos pero existen. La India de Gandhi logró su independencia de manera pacífica; la Sudáfrica de Mandela terminó con el apartheid y además conformó una nación que olvidara los rencores.
No va a ser fácil pero tenemos que empezar, cada uno, a hacer lo correcto; a dejar de justificar lo que hacemos mal y comenzar a hacer lo que sabemos que está bien. Alejémonos de aquellos que actúan contra la sociedad (porque en cada comunidad todos sabemos quiénes son) que sean, de nueva cuenta, inadaptados.
Demostrémosles que no estamos de acuerdo con lo que hacen, que no creemos en la violencia como mecanismo para “arreglar” las cosas porque sabemos que, en realidad, las descomponen más.
Termino con tres frases para invitar a la acción. Gandhi: “Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”, “No hay camino para la paz, la paz es el camino”. Einstein: “si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.
Twitter: @Mega_J_Israel_M
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México: ¿Cuándo nos perdimos?
J. Israel Martínez Macedo
El secuestro de los 43 de Ayotzinapa abre la reflexión para muchas cosas que están pasando en el país; las manifestaciones siguientes a este hecho han trasladado el asunto a un tema más profundo: ¿Qué pasa con nuestra sociedad?
El cuestionamiento toca lo más hondo del entramado social. ¿En qué momento nos perdimos? ¿Cuándo dejamos de pensar que 43 vidas no valían ser reclamadas? ¿Cuándo comenzamos a apoyar al delincuente solo para dejar salir nuestro odio contra el gobierno?
Tal parece que la nación mexicana ha desaparecido, se desintegró en algún momento y no nos dimos cuenta ni cuándo. Se nos esfumó de las manos sin notarlo y vivimos la consecuencia de ello.
Antaño un sinónimo de delincuente era “inadaptado social”. ¿Cuándo los adaptamos a la sociedad? O ¿acaso la sociedad se está adaptando a ellos? ¿Cuándo nos permitimos convivir con ellos? Más aún ¿cuándo nos permitimos convertirnos en ellos? ¿De verdad los buenos somos más?… ¿En serio somos buenos?
¿Por qué nos acostumbramos a los asesinatos ya tan cotidianos? ¿Bajo qué circunstancias resolvimos que la culpa de todo la tiene el gobierno? Y ¿qué nos hizo pensar que la solución de todo la debe tener el gobierno?
¿Cómo permitimos que la delincuencia conviva con la sociedad? ¿Cómo hacemos para vivir tranquilos observando que alguien delinque y callando? ¿Cuándo nos inundó el miedo a grado tal que preferimos mirar hacia otro lado en lugar de ayudar a alguien?
México requiere una revolución; pero no esa que reclaman los anarquistas, sinarquistas, izquierdistas o cualquier otro “ista”. No lograremos nada confrontándonos unos con otros solo porque tenemos miedo o pensamos que todo está mal y que alguien más debe solucionarlo.
Hay ejemplos conocidos, no son muchos pero existen. La India de Gandhi logró su independencia de manera pacífica; la Sudáfrica de Mandela terminó con el apartheid y además conformó una nación que olvidara los rencores.
No va a ser fácil pero tenemos que empezar, cada uno, a hacer lo correcto; a dejar de justificar lo que hacemos mal y comenzar a hacer lo que sabemos que está bien. Alejémonos de aquellos que actúan contra la sociedad (porque en cada comunidad todos sabemos quiénes son) que sean, de nueva cuenta, inadaptados.
Demostrémosles que no estamos de acuerdo con lo que hacen, que no creemos en la violencia como mecanismo para “arreglar” las cosas porque sabemos que, en realidad, las descomponen más.
Termino con tres frases para invitar a la acción. Gandhi: “Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”, “No hay camino para la paz, la paz es el camino”. Einstein: “si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.
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lunes, 20 de octubre de 2014
Iguala / Columna
De medios y otros demonios
Iguala
J. Israel Martínez Macedo
La inseguridad en el país se ha convertido un tema tan común en México que quizá por ello es que el gobierno no reaccionó a tiempo cuando, en Iguala, miembros de la delincuencia organizada infiltrados en la policía local mataron a seis estudiantes normalistas y jugadores de futbol.
En este país, la muerte de los jóvenes estudiantes y la desaparición de 43 de sus compañeros fue una nota más sobre los daños causados por los grupos criminales que atemorizan a la sociedad con base en el uso de la fuerza y la violencia.
Se necesitó que la prensa extranjera tomara interés en el caso para que en México las ONG, los políticos y los propios medios del país recuperaran la capacidad de asombro en estos asuntos y le dieran la atención que merece para la sociedad.
El caso del presunto fusilamiento de integrantes de una célula delictiva por parte de militares que rescataron a una víctima de secuestro (que después los acusaría de dicha acción) en Tlatlaya, hizo que los ojos de la prensa extranjera se centraran en lo que pasa en nuestro país.
El gobierno federal no supo cómo reaccionar, la acción visible siguió los estándares contención de crisis de los 80 y 90 que indican que la información se debe neutralizar y ocultar; esquemas que no son aplicables para una sociedad integrada (a su modo) a los hipermedios.
La información fluyó libremente en las redes sociales y medios internacionales, en parte porque la comunicación gubernamental fue escasa y confusa; ello impactó en su confiabilidad y al dejar de ser confiable se abrieron paso las búsquedas de lo que sea que pudiera ser publicable.
Al mismo tiempo, los actores políticos (partidos o individuos) se apresuraron no por atender la situación sino por deslindarse lo más pronto posible (unos) o por aprovechar el momento y sacar raja para sus fines personales o de grupo (otros).
Así la llamada sociedad civil se movilizó para exigir atención y justicia sin dar muestras de entender quién exactamente es responsable de los hechos del 26 y 27 de septiembre.
Las ONG e instituciones de derechos humanos se apresuraron a denunciar lo evidente: las carencias que hay en México en este tema han alcanzado niveles insospechados.
La politización abonó a la confusión. Todos, más interesados en no ser acusados o vinculados con los hechos, se enfocaron en mantener la idea de que el gobierno es el responsable único y exclusivo sin asumir ningún tipo de responsabilidad por ello.
La pésima gestión de crisis, la tergiversación de partidos y actores políticos, el encono tradicional contra todo lo que huela a gobierno y la imposibilidad de encontrar a los 43 estudiantes desaparecidos, son ingredientes de una mezcla muy peligrosa y explosiva que sigue creciendo sin control.
Twitter: @Mega_J_Israel_M
israel.martinez@milenio.com
Iguala
J. Israel Martínez Macedo
La inseguridad en el país se ha convertido un tema tan común en México que quizá por ello es que el gobierno no reaccionó a tiempo cuando, en Iguala, miembros de la delincuencia organizada infiltrados en la policía local mataron a seis estudiantes normalistas y jugadores de futbol.
En este país, la muerte de los jóvenes estudiantes y la desaparición de 43 de sus compañeros fue una nota más sobre los daños causados por los grupos criminales que atemorizan a la sociedad con base en el uso de la fuerza y la violencia.
Se necesitó que la prensa extranjera tomara interés en el caso para que en México las ONG, los políticos y los propios medios del país recuperaran la capacidad de asombro en estos asuntos y le dieran la atención que merece para la sociedad.
El caso del presunto fusilamiento de integrantes de una célula delictiva por parte de militares que rescataron a una víctima de secuestro (que después los acusaría de dicha acción) en Tlatlaya, hizo que los ojos de la prensa extranjera se centraran en lo que pasa en nuestro país.
El gobierno federal no supo cómo reaccionar, la acción visible siguió los estándares contención de crisis de los 80 y 90 que indican que la información se debe neutralizar y ocultar; esquemas que no son aplicables para una sociedad integrada (a su modo) a los hipermedios.
La información fluyó libremente en las redes sociales y medios internacionales, en parte porque la comunicación gubernamental fue escasa y confusa; ello impactó en su confiabilidad y al dejar de ser confiable se abrieron paso las búsquedas de lo que sea que pudiera ser publicable.
Al mismo tiempo, los actores políticos (partidos o individuos) se apresuraron no por atender la situación sino por deslindarse lo más pronto posible (unos) o por aprovechar el momento y sacar raja para sus fines personales o de grupo (otros).
Así la llamada sociedad civil se movilizó para exigir atención y justicia sin dar muestras de entender quién exactamente es responsable de los hechos del 26 y 27 de septiembre.
Las ONG e instituciones de derechos humanos se apresuraron a denunciar lo evidente: las carencias que hay en México en este tema han alcanzado niveles insospechados.
La politización abonó a la confusión. Todos, más interesados en no ser acusados o vinculados con los hechos, se enfocaron en mantener la idea de que el gobierno es el responsable único y exclusivo sin asumir ningún tipo de responsabilidad por ello.
La pésima gestión de crisis, la tergiversación de partidos y actores políticos, el encono tradicional contra todo lo que huela a gobierno y la imposibilidad de encontrar a los 43 estudiantes desaparecidos, son ingredientes de una mezcla muy peligrosa y explosiva que sigue creciendo sin control.
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lunes, 28 de enero de 2013
¡Venga la sentencia! / Columna
De medios y otros demonios
¡Venga la sentencia!
J. Israel Martínez Macedo
La “Tremenda Corte de Justicia de la Nación” resolvió a favor de otorgar el amparo a Florence Marie Cassez, acusada de participar en tres secuestros; la indignación nacional se volcó sobre los ministros que en llanas palabras determinaron: debido al montaje televisivo y otras agravantes del proceso no se puede saber si es culpable o no… y la dejaron ir.
Posiciones a favor y en contra de la decisión de la corte corrieron como reguero de pólvora. Los había desde quienes pedían/piden la renuncia de los ministros hasta los que justifican, explican y motivan elementos para comprender que la determinación de la corte fue correcta.
Más allá de la simple decisión hay cosas de fondo que no se han tocado y que pueden repercutir no solo en la vida judicial del país, también en la vida política y social.
La determinación de la corte no solo define el caso en cuestión sino que genera jurisprudencia respecto a situaciones comunes que se relacionen con fallas en el debido proceso.
La denuncia de esto ya se había hecho. En los documentales “El túnel” y “Presunto culpable” se evidencian no solo los vicios del sistema judicial mexicano sino su ineficiencia e incapacidad para demostrar la inocencia o culpabilidad de una persona.
Si el argumento que dejó en libertad a Florence Cassez es que hay elementos suficientes para determinar que no hubo un “debido proceso” en la investigación y que por lo tanto es imposible saber si ella participó o no en los secuestros ¿cuántos casos más están en la misma situación? Los presos sujetos a proceso ¿pueden argumentar fallas en el debido proceso si en sus casos algún agente investigador falseó pruebas en su contra? ¿Puede hacerse si las testimoniales en su contra no concuerdan tal como en el caso Cassez? Se supone que sí.
Aún queda la participación de Televisa y Tv Azteca en el montaje que dio pie a los argumentos jurídicos que terminaron en la liberación de Florence Cassez. Ambas televisoras se deslindaron del hecho, ambas acusan que no sabían nada. Ambas son “presuntas culpables” de mentir. Ambas serán exoneradas.
Según lo señalado esta semana por Jenaro Villamil, Carlos Loret mintió cuando presentó el montaje, lo volvió a hacer cuando dijo no saber nada, y lo sigue haciendo cuando asegura que también fue engañado.
¿Cómo impacta en la confianza hacia el medio y el comunicador? Depende de cómo la gente, lectores, radioescuchas y televidentes reaccionen. De entrada en redes sociales ya ya hay una: el HT #MientoComoLoret y su derivado #MientoComoTelevisa.
Queda esperar un fallo, el de la gente, el de los indignados por la liberación de “la francesa”. ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de quienes realizaron el montaje? Resta definirlo pero el montaje existió, las televisoras lo realizaron y eso fue lo que permitió la liberación de Cassez… Las televisoras son corresponsables, les guste reconocerlo o no.
Twitter: @Mega_J_Israel_M
israel.martinez@milenio.com
¡Venga la sentencia!
J. Israel Martínez Macedo
La “Tremenda Corte de Justicia de la Nación” resolvió a favor de otorgar el amparo a Florence Marie Cassez, acusada de participar en tres secuestros; la indignación nacional se volcó sobre los ministros que en llanas palabras determinaron: debido al montaje televisivo y otras agravantes del proceso no se puede saber si es culpable o no… y la dejaron ir.
Posiciones a favor y en contra de la decisión de la corte corrieron como reguero de pólvora. Los había desde quienes pedían/piden la renuncia de los ministros hasta los que justifican, explican y motivan elementos para comprender que la determinación de la corte fue correcta.
Más allá de la simple decisión hay cosas de fondo que no se han tocado y que pueden repercutir no solo en la vida judicial del país, también en la vida política y social.
La determinación de la corte no solo define el caso en cuestión sino que genera jurisprudencia respecto a situaciones comunes que se relacionen con fallas en el debido proceso.
La denuncia de esto ya se había hecho. En los documentales “El túnel” y “Presunto culpable” se evidencian no solo los vicios del sistema judicial mexicano sino su ineficiencia e incapacidad para demostrar la inocencia o culpabilidad de una persona.
Si el argumento que dejó en libertad a Florence Cassez es que hay elementos suficientes para determinar que no hubo un “debido proceso” en la investigación y que por lo tanto es imposible saber si ella participó o no en los secuestros ¿cuántos casos más están en la misma situación? Los presos sujetos a proceso ¿pueden argumentar fallas en el debido proceso si en sus casos algún agente investigador falseó pruebas en su contra? ¿Puede hacerse si las testimoniales en su contra no concuerdan tal como en el caso Cassez? Se supone que sí.
Aún queda la participación de Televisa y Tv Azteca en el montaje que dio pie a los argumentos jurídicos que terminaron en la liberación de Florence Cassez. Ambas televisoras se deslindaron del hecho, ambas acusan que no sabían nada. Ambas son “presuntas culpables” de mentir. Ambas serán exoneradas.
Según lo señalado esta semana por Jenaro Villamil, Carlos Loret mintió cuando presentó el montaje, lo volvió a hacer cuando dijo no saber nada, y lo sigue haciendo cuando asegura que también fue engañado.
¿Cómo impacta en la confianza hacia el medio y el comunicador? Depende de cómo la gente, lectores, radioescuchas y televidentes reaccionen. De entrada en redes sociales ya ya hay una: el HT #MientoComoLoret y su derivado #MientoComoTelevisa.
Queda esperar un fallo, el de la gente, el de los indignados por la liberación de “la francesa”. ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de quienes realizaron el montaje? Resta definirlo pero el montaje existió, las televisoras lo realizaron y eso fue lo que permitió la liberación de Cassez… Las televisoras son corresponsables, les guste reconocerlo o no.
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lunes, 23 de julio de 2012
El espejo de los medios / Columna
De medios y otros demonios
El espejo de los medios
J. Israel Martínez Macedo
El escándalo Monex, olimpiadas, denuncias electorales, berrinches postelectorales, delincuencia organizada, el extraño caso Ferriz de Con más lo que se acumule en la semana son sólo algunos de los temas de la agenda nacional que parecen mantener nuestra atención enfocada en ellos.
Y digo que parecen mantener nuestra atención porque fuera de determinados círculos muchos de estos no tienen mayor relevancia, interés o hasta conocimiento, ¿dudas?
Basta con ponerse a platicar con la gente en cualquier lugar: un taxi, un puesto de revistas, una taquería, dónde sea y preguntar la opinión sobre el caso Monex y la respuesta inmediata es “no sé, ¿qué es eso?” y cuando uno apenas empieza a explicar que tiene que ver con el presunto (aún no está comprobado legalmente y eso obliga, periodísticamente hablando, a usar la expresión) fraude en la elección presidencial un comentario interrumpe el discurso: “Ay jóven, si siempre es lo mismo y todos son iguales”.
Es interesante descubrir cómo en un momento en el que se supone que el país está tan politizado, como resultado de un proceso electoral que apenas tendrá poco más de 20 días, la gente, la población, la masa ha perdido de nueva cuenta el interés sobre lo que ocurra en el ámbito político-social-económico.
Para muchas, sorprendentemente muchas personas serán más importantes los resultados de la primera jornada del futbol mexicano y, a partir del viernes, los de la delegación olímpica mexicana en Londres.
Es la realidad mexicana en que nos estamos sumiendo nuevamente. No tiene tanto qué ver con la ideología o el desinterés aprendido culturalmente como sí muy probablemente con un sentimiento de lejanía, con la ausencia de un vínculo posible entre lo que “los políticos” hacen y lo que “el pueblo” vive.
Es resultado de la lucha de grupos por el poder y sólo por el poder, porque de esos e trata todo en el ámbito político. Los distintos partido peleándose por quién va a ser el que administre el recurso público para ver si se gasta en los negocios de un grupo empresarial u otro y si se toma revancha con los antagónicos de toda la vida o no.
En todo este enjambre ¿dónde quedaron los medios y su capacidad de meter en la consciencia, subconsciencia e insconsciencia de la gente cualquier asunto que quieran? ¿A dónde fue esa omnipotencia manipuladora capaz de hacer que la gente hable de lo que ellos quieren que se hable y de lo que no?
Mucho de lo que vemos en los medios es, nos guste reconocerlo o no, reflejo de la sociedad en que vivimos. Cada uno de ellos, cada opción, representa el interés y forma de pensar de un grupo en particular; en conjunto, una proyección social de lo que somos. ¿Qué, Alicia, no te gusta lo que ves en el espejo? Es duro saber que “el Rey Rojo fue parte de mi sueño..., pero también es cierto que yo formé parte del suyo”.
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israel.martinez@milenio.com
El espejo de los medios
J. Israel Martínez Macedo
El escándalo Monex, olimpiadas, denuncias electorales, berrinches postelectorales, delincuencia organizada, el extraño caso Ferriz de Con más lo que se acumule en la semana son sólo algunos de los temas de la agenda nacional que parecen mantener nuestra atención enfocada en ellos.
Y digo que parecen mantener nuestra atención porque fuera de determinados círculos muchos de estos no tienen mayor relevancia, interés o hasta conocimiento, ¿dudas?
Basta con ponerse a platicar con la gente en cualquier lugar: un taxi, un puesto de revistas, una taquería, dónde sea y preguntar la opinión sobre el caso Monex y la respuesta inmediata es “no sé, ¿qué es eso?” y cuando uno apenas empieza a explicar que tiene que ver con el presunto (aún no está comprobado legalmente y eso obliga, periodísticamente hablando, a usar la expresión) fraude en la elección presidencial un comentario interrumpe el discurso: “Ay jóven, si siempre es lo mismo y todos son iguales”.
Es interesante descubrir cómo en un momento en el que se supone que el país está tan politizado, como resultado de un proceso electoral que apenas tendrá poco más de 20 días, la gente, la población, la masa ha perdido de nueva cuenta el interés sobre lo que ocurra en el ámbito político-social-económico.
Para muchas, sorprendentemente muchas personas serán más importantes los resultados de la primera jornada del futbol mexicano y, a partir del viernes, los de la delegación olímpica mexicana en Londres.
Es la realidad mexicana en que nos estamos sumiendo nuevamente. No tiene tanto qué ver con la ideología o el desinterés aprendido culturalmente como sí muy probablemente con un sentimiento de lejanía, con la ausencia de un vínculo posible entre lo que “los políticos” hacen y lo que “el pueblo” vive.
Es resultado de la lucha de grupos por el poder y sólo por el poder, porque de esos e trata todo en el ámbito político. Los distintos partido peleándose por quién va a ser el que administre el recurso público para ver si se gasta en los negocios de un grupo empresarial u otro y si se toma revancha con los antagónicos de toda la vida o no.
En todo este enjambre ¿dónde quedaron los medios y su capacidad de meter en la consciencia, subconsciencia e insconsciencia de la gente cualquier asunto que quieran? ¿A dónde fue esa omnipotencia manipuladora capaz de hacer que la gente hable de lo que ellos quieren que se hable y de lo que no?
Mucho de lo que vemos en los medios es, nos guste reconocerlo o no, reflejo de la sociedad en que vivimos. Cada uno de ellos, cada opción, representa el interés y forma de pensar de un grupo en particular; en conjunto, una proyección social de lo que somos. ¿Qué, Alicia, no te gusta lo que ves en el espejo? Es duro saber que “el Rey Rojo fue parte de mi sueño..., pero también es cierto que yo formé parte del suyo”.
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lunes, 29 de agosto de 2011
México: mi causa / Columna
De medios y otros demonios
México: mi causa
J. Israel Martínez Macedo
Cuentan los libros de historia (a grandes rasgos) que el proceso evolutivo del hombre lo llevó a agruparse para su protección aunque dependía de las condiciones climáticas para alimentarse. La humanidad fue nómada hasta que encontró la forma de mantenerse en un mismo lugar donde desarrollaba prácticamente toda su vida.
Después de eso la historia se desarrolla básicamente de la misma manera: un grupo (o su líder) ambiciona una porción de terreno ocupada por otro y lo ataca para apropiársela y luego defenderla de otro agresor, dice una frase que le escuché al finado Facundo Cabral “El conquistador se vuelve esclavo de lo que conquistó; es decir: que jodiendo, se jodió”.
Con el avance de la “civilización” las guerras ya no fueron por el territorio sino por el control de lo que en ese territorio ocurría, ya no era importante poseer sino controlar, el poder por encima del capital.
¿A qué viene toda esta perorata? A que parece que en México el fenómeno se presenta en sentido contrario, es decir, ocurre una involución.
En México, aquella sociedad en la que se preocupaban unos por otros, por ver que el vecino esté bien, en la que la gente tenía la buena costumbre de saludarse en la calle aunque no se conocieran, se está perdiendo… es un México en peligro de extinción.
No es algo que ocurrió de la noche a la mañana. No es un problema de uno, dos o cinco sexenios; de uno o varios partidos. Es un fenómeno que se fue gestando poco a poco y con factores imperceptibles en su momento.
Nos fuimos centrando en el beneficio personal más que en el social y como resultado retrocedimos en el tiempo. Ahora las familias vuelven al nomadismo escapando de la inseguridad o en la búsqueda de mejores oportunidades de trabajo y desarrollo. Ya no hay pertenencia.
Como daño colateral perdimos el concepto de México. ¿Qué es México? ¿Quién es o quiénes son México? Se vuelven preguntas cada vez más comunes pero, al mismo tiempo, más difíciles de contestar.
Retrocedimos en nuestro proceso evolutivo como país y perdimos el concepto de lo que es México. ¿Qué festejaremos este 15 de septiembre? No es un grito de independencia porque no dependemos de nosotros, no es un grito de libertad porque no somos libres de hacer, actuar o movernos dentro de nuestro territorio.
Pero México es más que todos estos problemas. Nuestra familia, nuestros amigos, nuestro trabajo, la gente que está en las calles. Es el concepto de nación por el que un día valió la pena luchar. No se trata de salir a la calle y tomar las armas para enfrentar al crimen, así sólo nos convertimos en ellos.
Se trata de renunciar a ese estilo de vida que nos lleva a tener miedo; a cambiar la actitud; a responder un insulto con una sonrisa; a recordar las caras, nombres, momentos por los que vale la pena salir todos días a mejorar al país, a hacerlo desde nuestro espacio. Yo lo haré desde mi lugar, mi trabajo, con mis alumnos, con quienes me rodean. Porque este país no le pertenece al narco. México es mi país, México es mi causa.
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sábado, 27 de agosto de 2011
¿Dónde perdimos a la sociedad? / Columna
De medios y otros demonios
¿Dónde perdimos a la sociedad?
J. Israel Martínez Macedo
Lo ocurrido en el Casino Royale de Monterrey puso en el centro de la discusión un tema que sólo se trata tangencialmente cuando se habla de violencia en nuestro país: la descomposición social. Se nos hace fácil culpar a las autoridades de todo lo que ocurre sin hacer una reflexión de nuestro papel en el problema.
Uno de los puntos que abona a la situación a la que hemos llegado en el país radica en que dejamos de ser sociedad y nos hemos convertido en un conjunto de comunidades cuyos integrantes cumplen sus funciones de manera individualizada y sólo pensando en el objetivo personal.
Desde ahí comienza el problema en México. No nos interesa lo que le pase a los demás porque no los consideramos parte de nosotros, de nuestra sociedad. Como si pobres y ricos, los del norte y los del centro, los de un partido y los de otro fueran (fuéramos) todo, menos mexicanos.
Es difícil hablar de descomposición social porque parece que ya no hay sociedad qué descomponer. Somos un conjunto de comunidades que sólo miran por su beneficio personal, a eso nos hemos reducido y estas son las consecuencias de ello.
Ya no importa el desarrollo para todos, sólo si nos ha beneficiado a nosotros y, si acaso, a los nuestros. Nos olvidamos de la solidaridad y el apoyo entre nosotros, en algún momento nos perdimos como sociedad y por eso nos polarizamos.
Nos hemos llenado de odio y nos volvemos intolerantes. Polarizamos todo lo que pasa y lo pasamos por la mirilla de “bueno” o “malo” y buscaos culpables de nuestro mal: nos victimizamos porque es más fácil que asumir nuestra responsabilidad en todo esto.
Un ejemplo: en el caso del homicidio de Ángel Castillo y su hijo, una fuente cercana a la investigación informó que uno de los menores de edad responsables del homicidio y otros 400 robos, no sólo fue descubierto por un familiar en sus actividades delictivas sino que fue incitado para llevarlas a cabo.
¿Cuántos padres no sólo compran piratería para sus hijos sino que hasta los llevan a escoger la película que quieren o que está en cartelera porque “sale más barato”? ¿Sabrán que éste es un negocio que le deja a la delincuencia organizada 500 millones de dólares que se reinvierten en balas y armas?
Se nos ha hecho fácil buscar culpables, tener a quién acusar. Hoy es Calderón, Peña Nieto, Ebrard; no importa su ideología, siempre y cuando cargue con nuestras culpas. Así no habrá cambios. Ocurrirán muchos ABC, muchos Casinos Royale, muchos secuestros, robos, violaciones y todo porque nos perdimos como sociedad.
“El que esté libre de delito que lance la primer crítica”, apuesto que todos tenemos algo que nos deje callados. De nada sirve salir a las calles si no cambiamos primero nuestras actitudes. Llegó el momento de responsabilizarnos y corregir, sólo esperemos que no sea ya demasiado tarde.
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