"Escribir sale del alma, los otros medios son aparatos, son máquinas"

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Gabriel García Márquez

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lunes, 20 de diciembre de 2010

Cuando la justicia nos alcance / Columna

De medios y otros demonios

Cuando la justicia nos alcance

J. Israel Martínez Macedo

Mientras políticos y cortesanos se alistan para otra simulación de eficiencia y cumplimiento con el fin de atraer votos y hacerse del poder sólo por el poder; cientos, miles de mexicanos en todo el país comienzan a hacerse una misma pregunta: ¿hasta cuándo?
En esta semana ocurrió el homicidio de la activista Marisela Escobedo, justo en las puertas del palacio de gobierno de Chihuahua, en el colmo del absurdo aberrante y cada vez más cotidiano, el asesino logró escapar impune y sin que alguien (llámese policía estatal o municipal encargada de la vigilancia del recinto) opusiera resistencia.
No hay detenidos, sólo un retrato hablado y un video que registró fielmente el momento cuando la mujer fue perseguida y asesinada, mientras el delincuente huye en un vehículo blanco.
Sin querer, la escena describe una triste y cruel realidad nacional que los gobernantes niegan por cuestiones políticas: la mujer corre a palacio de gobierno (símbolo de la autoridad) para refugiarse de un ataque de la delincuencia; ante las puertas cerradas no recibe, nunca, el auxilio que necesita; la mujer muere en la impunidad mientras el asesino tiene tiempo de subirse tranquilamente a un auto y desaparecer en el anonimato.
Hace un mes, Don Alejo Garza dio muestra de que un hombre valiente puede hacer frente a un puñado de cobardes. Sabedor de que no hay autoridad confiable que tuviera los tamaños para defenderlo (defendernos) tomo en sus manos el papel que debería ser del Estado y protegió su propiedad y el patrimonio de su familia. Pagó un alto precio: le costó la vida pero no lo vencieron.
En Toluca, la desaparición y muerte de Karla Rueda, estudiante de Comunicación en la UAEM, generó al malestar social que se reflejó en las redes sociales, se exigió justicia y seguridad. La procuraduría estatal respondió y con la prontitud de 20 días presentó a Alejandro Sánchez Varela como responsable del crimen. Muchos lo dudan y otros apenas lo creen.
La histórica ineficacia de las autoridades ministeriales traducida en una constante y creciente impunidad en los distintos delitos se refleja en la falta de credibilidad por parte de la sociedad.
Cuando la justicia nos alcance como país, quizá ya sea demasiado tarde.
Los políticos luchan y pelean pero no para terminar con este flagelo que reditúa ganancias millonarias a la industria armamentista de Estados Unidos ¡no!, batallan por que la gente crea que no pasa nada, que se va ganando, que en el respectivo estado las cosas no están tan mal como en otros, todo por no perder seguidores para las elecciones futuras. ¡Son un asco!
La respuesta no se hará esperar, se acercan las elecciones y el fantasma del voto blanco/nulo ronda peligrosamente (y que conste que lo estoy diciendo desde ahora). Podrán ser autoridades legales pero ya no legítimas, no así, no ahora, no sin escuchar, no sin responder.

PARÉNTESIS
Como todo buen cambio de año las fechas se prestan para el análisis de lo ocurrido en el que concluye y lo que se espera en el que empieza, eso haremos en materia de medios y comunicación en las próximas semanas, lo obvio se nos anticipa, los resultados son preocupantes.

@Mega_J_Israel_M
israel.martinez@milenio.com

lunes, 14 de junio de 2010

El peligro de desentenderse / Columna

De medios y otros demonios


El peligro de desentenderse


J. Israel Martínez Macedo


En la efervescencia política de los tiempos electorales de los que quieren ser y no son, de los que son y quieren ser más, de los que anhelan un sueño que conforme llega el día se les ve más distante poco a poco los políticos y sus círculos se pierden en la inmensidad de la retórica, los discursos, la tenebra y los cochupos olvidándose de lo más fundamental: la gente.

En la ilusión de una contienda electoral que aún no es, de una construcción de amarres que (la experiencia lo demuestra) suelen caerse en un dos por tres, los actores políticos y funcionarios con ambiciones dan muestra de haberse enfrascado en ese imaginario electoral.

Giras con tintes de precampaña, declaraciones fáciles para salir del paso en temas torales, y aventarles la bolita a autoridades de otros niveles están gestando un peligroso sentimiento de fastidio, desidia y desconfianza en la ciudadanía que pueden terminar en situaciones aún más lamentables.

Los ejemplos son visibles. El linchamiento en Ocoyoacac de un muchacho por intentar robar una bicicleta da muestra no sólo del descontento de la gente, sino además de ese sentimiento de abandono por parte de las autoridades, no hay esperanza alguna en que se aplique la ley ni que exista algún atisbo de justicia.

La desconfianza alcanza niveles de verdad preocupantes. Por mucho tiempo la misma ciudadanía ha exigido que los medios tomen un papel más activo en la resolución de los problemas de la sociedad, que se involucre, que no sólo den noticias negativas sino que se destaque lo bueno que aún hay en nuestro país.

Los medios retomaron la exigencia y se unieron -como pocas veces, hay que decirlo- para presentar todo un plan que no sólo se limita a dar a conocer las acciones sociales en beneficio de las misma sociedad y premiarlas, alcanza el apoyo a las propuestas, a las ideas que permitan una mejora en los distintos sectores, la llamaron Iniciativa México.

Sin embargo, a pesar de ser una exigencia añeja, la gente lo ha tomado con reservas, nuevamente con desconfianza. Desde su nacimiento la propuesta es cuestionada sin haberle dado oportunidad de demostrar que es real, que es un verdadero esfuerzo emanado de la sociedad y para la sociedad.

Esta forma de dudar es sólo una extrapolación del sentimiento de descrédito que se han ganado a pulso los funcionarios que no cumplen, los que sólo muestran interés por la obtención y mantenimiento de un poder efímero, que le han ganado a la política ese parangón con la delincuencia, y ni siquiera con la organizada, no, con los raterillos de poca monta, con ladrones de la más baja calaña.

Es momento de respuestas, de resultados, los discursos ya no funcionan porque la gente no los ve reflejados en su vida cotidiana. ¿Cómo decirle a un recién desempleado que la economía está empezando a recuperarse? ¿Con qué cara se le habla de seguridad al extorsionado, al asaltado, a la violada? ¿Cómo se le justifica a quien no tiene agua, comida o vestido que los programas sociales funcionan?

No, aunque es cierto que el momento político es álgido y crucial, los actores no pueden, no deben, olvidar que la sociedad exige soluciones, respuestas, acciones; claro que hay a quienes la falta de participación les conviene, pero cuidado: no por pelearse quién gobierna un estado o un país, se queden sin nada, absolutamente nada qué gobernar.


israel.martinez@milenio.com

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