"Escribir sale del alma, los otros medios son aparatos, son máquinas"

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Gabriel García Márquez

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lunes, 3 de noviembre de 2014

Un día de sinsentido / Columna

De medios y otros demonios

Un día de sinsentido

J. Israel Martínez Macedo

Este día no encuentro sentido a lo que pasa y tengo la sensación que no soy el único en pensarlo. Con honestidad debo decir que escribir la columna de hoy ha sido más difícil que cualquier otra cosa en el tiempo que llevo escribiendo para los medios.
Normalmente tengo claro el panorama de mi perspectiva y encuentro el modo de reflejarlo en un texto que cumpla con la calidad para ser publicado. Pero no hoy.
Quienes han leído estas líneas los últimos años saben que evito siempre hablar en primera persona; que me mantengo al margen de intentar, siquiera, emitir un juicio solo porque se trate de una creencia o una convicción sin mayor sustento que eso y que incluso he cuestionado temas en los que tenía o tuve fe ciega.
Es que solo no encuentro la lógica que impera en el pensamiento del mexicano, es más, en este momento ni siquiera me atrevería a asegurar que exista tal cosa como “una lógica del pensamiento mexicano”.
Entro a las redes sociales y veo personas que se sorprenden porque en las manifestaciones de estudiantes de Hong Kong los jóvenes hacen tarea, recogen la basura que tiran y dejan mensajes a las personas pidiendo disculpas por las molestias ocasionadas.
Descubro que las mismas personas comentan en sus espacios que esos jóvenes son ejemplo a seguir, que eso es una manifestación democrática y que se debería aprender en México pero después aplauden cual fanes la decisión de los universitarios mexicanos de irse a paro nacional por 72 horas. ¿Dónde está la lógica aquí?
Pienso, con plena convicción, que el Estado mexicano debe responder por los hechos de Iguala. Lo hago con la misma convicción con la que pienso que la sociedad mexicana debe dejarse de mojigaterías y asumir su responsabilidad no solo por esos hechos sino por todo lo que pasa en nuestro país.
Simplemente no hallo cómo es que el suspender clases en las universidades va a servir de algo, ya no digamos en el caso Ayotzinapa, sino para un fin superior que sería el bienestar de México.
¿En serio son nuestros universitarios tan inocentes —me debato en usar aquí la palabra ingenuos— como para pensar que un gobierno tan indolente como el nuestro (no solo de esta administración sino de todas) tendrá alguna preocupación de que se paren la escuelas tres días cuando no lo ha hecho ante la evidencia de la situación nacional?
Me niego a pensar que mi papel en la sociedad se limita a exigirle a otro que haga lo que yo no estoy dispuesto hacer, sin ofrecer soluciones ni salidas, sin reflexionar sobre lo que pasa y solo reducirme al regocijo cuando nada funcione para poder decir: lo sabía y se los dije. No me siento tan mezquino.
Solo es que este día no encuentro sentido a lo que pasa y tengo la sensación que no soy el único en pensarlo.

Twitter: @Mega_J_Israel_M
israel.martinez@mileni.com

lunes, 20 de octubre de 2014

Iguala / Columna

De medios y otros demonios

Iguala

J. Israel Martínez Macedo

La inseguridad en el país se ha convertido un tema tan común en México que quizá por ello es que el gobierno no reaccionó a tiempo cuando, en Iguala, miembros de la delincuencia organizada infiltrados en la policía local mataron a seis estudiantes normalistas y jugadores de futbol.
En este país, la muerte de los jóvenes estudiantes y la desaparición de 43 de sus compañeros fue una nota más sobre los daños causados por los grupos criminales que atemorizan a la sociedad con base en el uso de la fuerza y la violencia.
Se necesitó que la prensa extranjera tomara interés en el caso para que en México las ONG, los políticos y los propios medios del país recuperaran la capacidad de asombro en estos asuntos y le dieran la atención que merece para la sociedad.
El caso del presunto fusilamiento de integrantes de una célula delictiva por parte de militares que rescataron a una víctima de secuestro (que después los acusaría de dicha acción) en Tlatlaya, hizo que los ojos de la prensa extranjera se centraran en lo que pasa en nuestro país.
El gobierno federal no supo cómo reaccionar, la acción visible siguió los estándares contención de crisis de los 80 y 90 que indican que la información se debe neutralizar y ocultar; esquemas que no son aplicables para una sociedad integrada (a su modo) a los hipermedios.
La información fluyó libremente en las redes sociales y medios internacionales, en parte porque la comunicación gubernamental fue escasa y confusa; ello impactó en su confiabilidad y al dejar de ser confiable se abrieron paso las búsquedas de lo que sea que pudiera ser publicable.
Al mismo tiempo, los actores políticos (partidos o individuos) se apresuraron no por atender la situación sino por deslindarse lo más pronto posible (unos) o por aprovechar el momento y sacar raja para sus fines personales o de grupo (otros).
Así la llamada sociedad civil se movilizó para exigir atención y justicia sin dar muestras de entender quién exactamente es responsable de los hechos del 26 y 27 de septiembre.
Las ONG e instituciones de derechos humanos se apresuraron a denunciar lo evidente: las carencias que hay en México en este tema han alcanzado niveles insospechados.
La politización abonó a la confusión. Todos, más interesados en no ser acusados o vinculados con los hechos, se enfocaron en mantener la idea de que el gobierno es el responsable único y exclusivo sin asumir ningún tipo de responsabilidad por ello.
La pésima gestión de crisis, la tergiversación de partidos y actores políticos, el encono tradicional contra todo lo que huela a gobierno y la imposibilidad de encontrar a los 43 estudiantes desaparecidos, son ingredientes de una mezcla muy peligrosa y explosiva que sigue creciendo sin control.

Twitter: @Mega_J_Israel_M
israel.martinez@milenio.com

lunes, 13 de octubre de 2014

Tlatlaya e Iguala / Columna

De medios y otros demonios

Tlatlaya e Iguala

J. Israel Martínez Macedo

Lo más fácil sería recurrir a la descalificación, a decir que el gobierno es todo menos un buen gobierno, a señalar culpables para ganar seguidores y dármelas de intelectual o hasta hacer creer que mi voz es "la voz del pueblo" pero ese lugar común ya está muy visitado por tantos otros en esta semana.
Ríos de tinta han corrido para señalar lo obvio: la responsabilidad gubernamental en los casos Tlatlaya e Iguala. Pero ¿Qué hacía y qué hace la sociedad mexicana en estos casos?
En Tlatlaya la llamada sociedad civil se dejó ir contra los militares tras la acusación de una anónima "Julia" de haber fusilado a 22 secuestradores (aquí no cabe la presunción de culpa porque la misma acusadora, se supone, era víctima de ese delito).
Sin más pruebas que su sentido común y sin haber nunca pisado ese territorio mexiquense, los "expertos" y multiopinadores saltaron a la palestra para rasgarse las vestiduras y señalar a los militares de abusos y la reacción del gobierno fue sancionarlos inmediatamente sin más prueba que esa anónima acusación y los "peritajes" mediáticos que juzgaron y sentenciaron a los militares.
Nadie salió en su defensa más que sus familias, nadie cuestionó que se les esté juzgando dos veces por una misma presunción de culpa (se les sigue investigación en el fuero militar y en el civil), nadie hace notar que eso pone en desventaja a nuestras fuerzas armadas pues los delincuentes son llevados ante una autoridad corrupta o inepta que por una razón o la otra los deja en libertad poniendo en riesgo no solo a policías y militares sino a sus familias.
Iguala es otro asunto muy similar. Miembros del grupo criminal autodenominado "Guerreros Unidos", infiltrados en la policía municipal asesinaron a jóvenes estudiantes de la normal de Ayotzinapa y a futbolistas.
De nueva cuenta la opinión pública practicó el deporte nacional acusando al gobierno de todo, y no es que no tenga responsabilidad pero ¿y la sociedad? Se limita a la acusación pero no denuncia la delincuencia y se vuelve permisiva.
En Iguala fue la delincuencia quien asesinó a los estudiantes, son los "Guerreros Unidos" quienes exigen la liberación de sus compañeros que, usurpando funciones policiacas, actuaron en contra de la sociedad.
Exijamos justicia pero empecemos por nosotros mismos, exijamos no violar la ley y respetémosla sin andar buscando pretextos absurdos para seguir incumpliendo con nuestra parte.
Exijamos que el gobierno erradique a los delincuentes y apoyemos a quienes luchan por nosotros y, eso sí, veamos que lo hagan conforme a derecho. Ya basta del lugar común y la crítica fácil y reconozcamos que como sociedad hemos sido permisivos con la delincuencia y lo que estamos viendo es resultado de ello.

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"Silencio Forzado" Documental de Article 19 sobre la situación del periodismo en México

Documental El Tunel (Completo)

PRESUNTO CULPABLE (completa)